Angelo se detuvo en el umbral de la puerta que daba acceso a la azotea de uno de los edificios más altos de la ciudad. Desde allí, observó embelesado a su esposa mientras posaba para las cámaras. Lionetta se había reincorporado formalmente hacía un poco más de un mes, aunque había reducido considerablemente el ritmo. Como siempre, lucía espectacular. Se movía con una gracia sensual, casi como si danzara entre los flashes.
Por un momento, Angelo consideró pedirle a Nerea que se encargara de hace