Elías llegó a la torre con la sensación de que la mañana tenía un filo que no se veía. No era un mal presentimiento; era un dato. El ascensor subió sin detenerse, pero a mitad del trayecto el panel de piso mostró un número previo antes del actual, como si la propia cabina recordara distinto. Parpadeó. Se obligó a no leer presagios en cada LED.
En el piso de servidores el aire era seco y neutro como una sala de espera de hospital. Saludó con un gesto a uno de seguridad. Nadie hizo preguntas; la costumbre también es un método de ocultamiento. Se sentó frente a su terminal con el modo de quien retoma un procedimiento en curso y no una guerra. Autenticación. Auditoría. N7, estable. N3 y N5, en ámbar. N9, respirando bajo. Todo parecía dentro del vaso.
Hasta que el cursor, sin que él lo pidiera, dibujó una línea finísima hacia el margen y dejó un rastro casi invisible, un subrayado en blanco: SOLICITUD DE ACCESO PRIORITARIO. Origen: interno. Firma: enmascarada.
—No hoy —dijo en voz baja—. H