Elías llegó a la torre con la sensación de que la mañana tenía un filo que no se veía. No era un mal presentimiento; era un dato. El ascensor subió sin detenerse, pero a mitad del trayecto el panel de piso mostró un número previo antes del actual, como si la propia cabina recordara distinto. Parpadeó. Se obligó a no leer presagios en cada LED.
En el piso de servidores el aire era seco y neutro como una sala de espera de hospital. Saludó con un gesto a uno de seguridad. Nadie hizo preguntas; la