El coche cruzó los imponentes portones de Hacienda Renacer. La burbuja de Costa Serena se desvaneció, reemplazada por la tangible realidad de su vida. Apenas bajaron, Clara, Mauricio y Gabriel salieron a recibirlos con abrazos cálidos y sonrisas genuinas.
—¡Bienvenidos a casa, esposos! —exclamó Gabriel, abrazando a Elías con fuerza.
—Se les extrañó —añadió Mauricio, besando la mejilla de Valeria con su habitual cortesía, ahora teñida de un cariño fraternal verdadero.
Sin embargo, bajo l