El suave resplandor del atardecer bañaba Costa Serena, pintando el cielo de tonos naranja y lavanda. La exitosa inauguración de Marea Alta había concluido, los primeros turistas de elite habían zarpado y regresado encantados, y solo quedaba el grupo más íntimo recogiendo los últimos detalles. La elegancia de la tarde daba paso a una serenidad íntima.
Fue entonces cuando una figura inesperada cruzó la playa hacia ellos. Esteban Brévenor, con su porte aún imponente pero con una expresión menos