La lámpara de escritorio en el despacho de Ricardo en Porteira proyectaba una luz dura sobre las fotografías dispersas. En unas, Mauricio y Gabriel presentaban "Marea Alta" con sonrisas profesionales, un equipo impecable. Su hombre de negocios, el frío analista en su interior, no podía negar la elegancia del proyecto, el acierto comercial. Asociarse con un Brévenor, aunque fuera el "menos útil", había sido una jugada inteligente por parte de su hijo. Un movimiento que, a regañadientes, le con