El último detalle con la organizadora de bodas había quedado resuelto. El aire en el despacho de Hacienda Renacer olía a flores de muestra y a anticipación. En una semana, serían el Señor y la Señora Alvareda. Valeria, con un brillo juguetón en los ojos, seguía probando un trozo del pastel de prueba mientras acariciaba la seda de un rollo de tela decorativa.
—Nuestra boda será hermosa, Elías.
Él se acercó, su presencia llenando el espacio a su alrededor. Sin mediar palabra, la levantó con fa