**Elena**
Después de la discusión me encerré en mi cuarto y tiré la puerta tan fuerte que retumbó en todo el apartamento. Me tiré en la cama boca abajo, la cara hundida en la almohada que todavía olía a él, y lloré como una estúpida. Lloré hasta que no quedó nada, hasta que la garganta me quemó y los ojos se me hincharon. No dormí mierda. Me quedé mirando el techo, el reloj marcando las horas, el corazón latiéndome como tambor de guerra.
Cuando amaneció me levanté muerta de cansancio pero con el orgullo más vivo que nunca. Me metí al baño en suite, abrí la ducha caliente y dejé que el agua me cayera encima como castigo. Me miré en el espejo empañado: cara de mierda, ojos rojos, pero no iba a dejar que me viera rota.
Abrí el clóset y saqué la ropa que sabía que lo mataba de celos: pantalón negro de cuero sintético que me pega como segunda piel, blusa blanca con escote profundo en la espalda que deja ver el tatuaje de la rosa en la columna. Me maquillé con rabia: delineador negro afil