DOMINIQUE
El exilio no es un lugar, es un estado mental. Es lo que queda cuando le arrancas a un hombre sus lealtades, su uniforme y el propósito que le dieron antes de que aprendiera a decidir por sí mismo. Estoy sentado en un rincón de este pueblo perdido, observando cómo la lluvia golpea el cristal de una ventana que no cierra bien. Afuera, el mundo sigue girando, pero para mí, el tiempo se ha detenido en el momento en que cerré la puerta de la torre.
Las noticias llegan a cuentagotas, a