Capítulo 12
El silencio sordo, denso y cargado de electricidad estática que siguió a las palabras de Dominique no fue el producto de la sorpresa, sino de una colisión inevitable entre dos fuerzas tectónicas que se habían estado atrayendo, chocando y repeliendo ferozmente desde el primer día en que cruzaron miradas en la sombría mansión del Rey. Luisa no apartó ni un solo instante sus oscuros ojos de los de él. Su rostro mantenía intacta esa impenetrable máscara de hielo y cálculo que le había permitido, con