La decisión no se selló con un decreto ni con una ovación. Se selló con un silencio.
Uno denso, incómodo, casi físico.
En la sala del Consejo, tras la votación simbólica que salvó a Raúl y reconoció —sin declararlo abiertamente— el derecho de Luisa a elegir su vínculo, los Alfas se retiraron con lentitud. Algunos con rabia contenida, otros con la cabeza baja. Pero unos pocos… unos pocos se detuvieron. Miraron a Luisa con respeto. Con reconocimiento.
Con esperanza.
Ella permaneció de pie junt