Capítulo 11
La Torre Ferré jamás dormía; su metabolismo digital y financiero funcionaba a un ritmo implacable, ajeno al ciclo biológico del sol y la noche. A través de sus inmensos ventanales de cristal blindado y polarizado, el Distrito Central se extendía hacia el horizonte como un circuito impreso gigante, donde las hileras interminables de luces de los vehículos aéreos y las torres corporativas parpadeaban como impulsos eléctricos controlados milimétricamente por un reloj maestro. En el interior del des