El escándalo recorrió las manadas como un incendio en campo seco.
Durante años, la historia oficial había ocultado las grietas del sistema. Pero una Omega, una sola, había bastado para abrirlas. Y ahora, todos miraban.
La Manada de Plata negó los hechos. Declaró falsificados los documentos. Señaló a Raúl como instigador de una campaña de desprestigio. Pero ya era tarde.
Los medios se dividieron. Los clanes también. Algunos pedían la renuncia del Rey. Otros, que Luisa fuera expulsada del país.
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