Capítulo 13
La Torre Ferré jamás conocía el descanso; su metabolismo financiero, digital y algorítmico latía con la precisión implacable de un reloj suizo, completamente ajeno al desgaste biológico y emocional de quienes habitaban sus interminables plantas. En el piso ochenta y ocho, la atmósfera general era radicalmente distinta a la de los oscuros, opresivos y claustrofóbicos despachos de la antigua mansión del Rey. Las pantallas panorámicas curvas ya no mostraban alertas rojas de insurrección militar ni