LUISA
Cinco años después. La palabra "años" parece corta, casi insignificante, pero cuando la miro desde aquí, se siente como una vida entera. La frontera entre el viejo bosque y la ciudad ya no es una línea trazada por el miedo o por la sangre. Ya no hay muros de piedra fría, ni puestos de vigilancia donde los guardias nos medían la mirada para decidir si éramos enemigos o ganado.
Donde antes se erguían defensas, ahora crece un campo de lavanda silvestre que se mece con el viento del atardec