Capítulo 9
El haz de luz punzante y despiadado de los reflectores corporativos cortaba la densa penumbra del estudio principal como una cuchilla de titanio recién afilada. El aire allí dentro, pesado y viciado por el olor acre a pólvora residual, ozono quemado y la electricidad estática de la puerta reforzada que acababa de ser derribada, atenazaba los pulmones. En el centro exacto de la estancia, convertido de manera abrupta en el escenario de una tragedia clásica, Víctor se mantuvo completamente erguido.