89. Perro que huele sangre.
Narra Ruiz.
La ciudad me pertenece.
No porque firmé papeles, no porque pagué impuestos, no porque sonreí en campañas políticas como esos imbéciles con corbata.
Me pertenece porque todos, hasta los más honrados, bajan la cabeza cuando paso.
Me pertenece porque la compré con sangre y la hipoteco con miedo.
A la salida del Savoy, el calor de la noche me pega como un cachetazo, y me subo al coche sin esperar a que me abran la puerta.
Clarita se pega a mí como un chicle mascado, con esa sonrisa estú