88. El rey sin corona.
Narra Ruiz.
La ciudad se me abre como una puta vieja: cansada, rota, pero aún dispuesta a abrir las piernas para quien tenga el dinero, el poder o las pelotas suficientes.
Yo tengo las tres cosas, y cada vez me cuesta menos recordárselo.
Atravieso el vestíbulo del Hotel Savoy, el único cinco estrellas que no tiene miedo de alojarme. Los uniformados en la puerta me saludan como si fuera el maldito presidente; alguno hasta se apresura a abrirme el paso, bajando la cabeza con un respeto que no me