90. Luces baratas, heridas profundas.
Narra Lorena.
Viernes por la noche, y el bar entero apesta a sudor, cerveza rancia y desesperación.
La música retumba contra las paredes descascaradas, un ritmo vulgar que nadie escucha realmente, pero que marca el compás de los cuerpos ebrios y del dinero fácil.
La pista improvisada no es más grande que una cocina de barrio.
Un par de focos parpadeantes lanzan luces de colores enfermos sobre nosotras, las chicas, que bailamos con la falsa sonrisa aprendida, fingiendo que todo esto no es más qu