75. El rugido de la bestia.
Narra Lorena.
Ruiz está cercado, y lo sabe.
Lo vemos en su mirada: una chispa oscura, vieja como la guerra, que le brota de adentro como sangre venenosa. El Rey Herido ya no piensa. No calcula. No suplica.
Solo ataca.
La primera en caer es Maya. Ni siquiera veo cómo. Un destello de movimiento, un giro de su cuerpo, un disparo sordo, y de repente está en el suelo, retorciéndose, la mano presionada contra el muslo ensangrentado.
—¡Mierda! —grita Clarita, apuntando su arma—. ¡Se está soltando!
Rui