76. A la caza del rey herido.
Narra Lorena.
La ciudad a esta hora es una bestia insomne, sudorosa y podrida. Perfecta para una cacería.
Las chicas y yo salimos del almacén todavía humeante, cargando armas improvisadas, mochilas con municiones y suficiente rabia como para incendiar el puto barrio entero.
—¡Divídanse! —ladro, mientras ajusto la correa de mi pistola—. Ruiz va a sangrar en alguna esquina. Quiero que lo encuentren antes de que se esconda en su cueva.
Clarita asiente, limpiándose la sangre de la ceja partida.
—¿V