63. Las otras que caminan conmigo , de nuevo.
Narra Lorena.
Dicen que para armar una revolución hace falta rabia, hambre y unas cuantas locas con nada que perder. Yo tengo todo eso. Y ahora, también tengo nombres.
Me muevo entre calles sin nombre, en barrios donde los patrulleros no se atreven a frenar y los curas bendicen con los ojos cerrados. Ahí están ellas: las invisibles. Las golpeadas, las exiliadas, las que limpiaban los pisos del cabaret cuando Ruiz se creía intocable. Las que conocen las puertas traseras, los túneles, los sile