62. Las otras que caminan conmigo.
Narra Lorena.
No es la primera vez que me escondo. Tampoco la primera vez que me hundo en un colchón ajeno, cubierto de humedad, con las paredes respirando moho y los caños llorando herrumbre. Pero esta vez duele diferente. No por la herida abierta que tengo en el hombro, ni por las noticias de que Ruiz está quemando la ciudad para encontrarme. Sino porque sé que esa furia es por mí. Porque lo traicioné. Y aún así, no me arrepiento.
—Ese hijo de puta seguro está arrancando uñas con alicates —mu