58. Las Reinas del Engaño.
Narra Lorena.
El plan empezó con un cigarro mal apagado y una copa de whisky barato.
Estaba en un bar al borde de la ciudad, el tipo de lugar donde nadie te pregunta por qué tenés sangre seca bajo las uñas o una mirada que grita que ya no tenés nada que perder. El tipo de lugar donde las mujeres van a morir en cámara lenta, una copa a la vez.
Y ahí estaba ella.
Mar.
Sentada como una diosa caída del cielo más sucio.
—Viniste —me dijo sin levantar la mirada del trago.
—Porque vos también perdiste