57. El último beso será con pólvora.
Narra Ruiz.
La soledad pesa más cuando huele a perfume.
Y esta noche, hasta las paredes la extrañan.
Me despierto solo. El aire está frío, y la cama, deshecha. Mis manos todavía huelen a su piel, como si no entendieran que ya no está. Como si no quisieran aceptar que se fue. Que me dejó.
Que me robó.
El corazón late con fuerza, pero no es amor. Es rabia.
Camino desnudo por la habitación, con los puños cerrados y los ojos clavados en las sombras. Los ventanales del piso trece reflejan la ciudad