59. Nosotras no rezamos, cobramos.
Narra Lorena.
—¿Cuánto tiempo creés que tenemos antes de que alguien se dé cuenta? —preguntó Alicia, revisando su reloj como si esperara un Uber y no a la muerte.
—Menos del que necesitamos, más del que merecen —respondí, todavía con el archivo en las manos.
Los discos duros iban directo a mi bolso.
Las copias de los documentos, al escote de Mar.
Y el dinero…
Dios.
El dinero era un insulto.
Pilas de billetes perfectamente apilados, numerados, marcados.
Euros, dólares, pesos.
Una orgía de papel