541. El salto de Ruiz.
Narra Dulce.
No sé en qué instante exacto ocurre, porque hasta ese segundo mi padre sigue siendo una estatua de carne, anclado a su sillón como si estuviera clavado a él por fuerzas invisibles, con sus ojos hundidos en un mar que solo él parece ver, como si yo no existiera o como si mi existencia fuese apenas un eco que llega tarde, pero de repente todo se rompe, todo se tuerce y Ruiz se levanta, no poco a poco, no con el temblor de un hombre que carga años y culpas, sino de golpe, con una viol