523. Nunca me dejes.
Narra Tomás Villa.
El rugido del motor todavía resuena como un eco dentro de mi pecho, una vibración que parece sostenerme más que el propio aire de esta noche sin luna, y la carretera se estira frente a nosotros como un hilo interminable de sombras que apenas la luz de los faros logra desgarrar. Dulce, con los ojos muy abiertos ahora, ya no es la niña adormilada que respiraba tranquila contra mi hombro, es un cuerpo despierto, alerta, lleno de preguntas que le hierven en los labios, preguntas