524. El cerco.
Narra Tomás Villa.
La carretera es un río oscuro que se bifurca, se alarga, se tuerce bajo mis manos, y yo la domino con la calma de quien no conduce un coche sino su propio destino, con la frialdad de un cirujano que sabe dónde cortar para que la sangre no se derrame en vano. A mi alrededor, la noche se espesa, el viento golpea con ráfagas violentas contra los vidrios, y los faros de los vehículos que nos persiguen regresan, más cercanos, más agresivos, como lobos que ya han probado el olor de