493. Mi dios de sombras.
Narra Dulce.
Despierto envuelta en un calor que no es solo el del cuerpo que reposa junto al mío, sino el de una certeza que se extiende por mi piel como un veneno dulce que no duele, que al contrario me adormece, me calma, me llena de una sensación peligrosa de triunfo, como si por primera vez en toda mi vida me perteneciera algo que no puede ser arrebatado, como si el simple hecho de respirar a su lado me hiciera dueña del mundo entero, y lo miro ahí, a Tomás, con el pecho desnudo que se muev