492. El expediente.
Narra Jean-Pierre.
La ciudad duerme con esa respiración pesada que solo conocen los que han aprendido a escucharla en las madrugadas sin rumbo, una mezcla de motores lejanos, algún perro que ladra a la nada y el susurro húmedo de la llovizna contra los techos de chapa, y yo avanzo como un fantasma entre calles vacías, sabiendo que cada paso que doy me acerca a un límite del que quizás no regrese, porque colarme en la jefatura no es solo un acto de desesperación, es también una declaración de gu