491. Princesa cautiva.
Narra Dulce.
Despierto con la certeza de que el tiempo ya no me pertenece, como si hubiera quedado suspendido en una tela de araña invisible que me envuelve los sentidos y me arrastra sin clemencia, y no sé si ha pasado una noche o una eternidad desde la última copa de champagne, desde la última palabra que Tomás susurró junto a mi oído, desde la última caricia que me dejó ardiendo la piel como si el fuego mismo hubiera decidido instalarse en mis venas, y al abrir los ojos me encuentro en una h