49. Donde los ángeles caen.
Narra Lorena.
El polvo se aferra a mis pestañas como si quisiera cegarme.
Cada paso que doy retumba contra las paredes húmedas de aquel subsuelo olvidado por la ciudad y por Dios.
Y sin embargo, cada uno de estos pasos es un acto de memoria.
Porque yo ya estuve acá.
Yo ya bajé estos escalones una vez.
Tenía quince.
Y no sabía nada de la vida, pero ya sabía lo que era esconder un secreto dentro del pecho.
Ahora, tantos años después, vuelvo.
No como niña.
Sino como una mujer hecha de ruinas y bal