48. La mujer que se me escurre como pólvora.
Narra Ruiz.
Despierto con la boca seca, el cuerpo cubierto en sudor y el olor de ella todavía adherido a mi piel como una maldición.
Sábanas hechas un desastre, la ventana entreabierta dejando colarse un viento de mierda que huele a traición.
El cigarro apagado a medio consumir todavía humea en el cenicero como una advertencia muda.
Lorena no está.
La habitación tiene su perfume, pero no su cuerpo.
Tiene su silueta marcada en las almohadas, pero no sus piernas cruzadas sobre mis caderas.
Tiene