44. Dios de la ruina.
Narra Ruiz.
La noche me huele a traición.
Hay un silencio extraño en el aire, como si la ciudad estuviera conteniendo el aliento, sabiendo lo que se viene.
No es un silencio piadoso.
Es el que precede al estallido, ese instante exacto en que el corazón se acelera antes de que el cuchillo atraviese la carne.
Y esta vez, yo no voy a dar advertencias.
No va a haber amenazas.
Solo cadáveres.
El auto se detiene frente a una de las guaridas que me pertenecía, una de las más discretas, uno de los punt