43. El rey de las ruinas.
Narra Ruiz.
No hay gloria sin sangre y yo soy el cabrón que lo demuestra.
La noche huele a concreto quemado, a perfume caro mezclado con pólvora, a traición recién abierta.
Camino entre los escombros del cabaret como si fuera un templo antiguo que acabo de destruir con mis propias manos.
Porque sí.
Porque podía.
Porque debía.
Ismael murió sin darse cuenta.
Una parte de mí quería verlo arder lento, con los ojos abiertos y el alma colgando, pero el destino fue más rápido.
La segunda explosión se