434. Mi nombre es fuego.
Narra Bruno.
La noticia llega con un mensaje corto, cifrado, seco como un disparo en la nuca:
“Aceptamos. Mismo lugar. Mismo precio. Sin truco.”
Pero yo sé que cuando los Dragomir te dicen que no hay truco, lo único que hay es truco.
Me cruzo de brazos en la oficina, la mandíbula apretada, el vaso de whisky a medio vaciar sobre el escritorio y los ojos clavados en la pantalla negra del celular. No es miedo. No. Es ese calor ácido que se instala en la boca del estómago cuando sabés que te están