435. Ni vos, ni nadie.
Narra Bruno
La noche no se termina en su cuerpo.
Pero el infierno empieza después.
Ella duerme, desnuda y vencida entre mis brazos, con la respiración pesada, las piernas aún marcadas por mis manos, la boca entreabierta como si todavía me suplicara algo.
Y yo, en vez de sentirme invencible, tengo el estómago revuelto.
No por ella.
Por lo que suena en mi celular.
Un mensaje encriptado, sin firma.
Solo una frase:
“Te están vendiendo por la espalda. El trato con Dragomir ya está hecho. No sos vos