399. Lo que dejamos para que no nos alcance.
Narra Lorena
Los hijos no huyen de sus madres. Huyen del dolor. Y mi hija… mi hija lleva una maleta llena del mío.
Despierto con la alarma de mi propio cuerpo.
Antes de que el sol toque los ventanales, ya estoy sentada en la cama, con la garganta cerrada y una certeza fría colgando de los hombros.
Algo no está bien.
Algo no encaja.
El silencio en casa tiene ese peso sospechoso, como si algo vital hubiese dejado de respirar.
Camino descalza hasta su cuarto.
Abro la puerta sin tocar.
La cama está