337. La última función (segunda parte)
Narra Ruiz.
La luz roja parpadea como un corazón artificial, latiendo al ritmo del miedo, de la furia, del desconcierto. No hay sonido, no hay eco, no hay viento. Solo ese rojo palpitante que me marca el camino como un faro siniestro.
Pienso en Lorena.
Pienso en Dulce.
Pienso en Brisa, que no llegó a ver esto. Que estaría cagándose de risa, diciendo que esta obra es tan ridícula como uno de esos melodramas que ella adoraba mirar borracha en el sillón.
Apoyo la mano contra la puerta.
Está tibia.