240. Una oferta inesperada.
Narra Lorena.
El día empieza como todos los demás, con el chirrido oxidado del cerrojo y la luz cenicienta que entra por la ventana alta del pabellón, recortando figuras largas y delgadas sobre el suelo gastado. Las internas ya están activas; algunas se lavan, otras se pelean por un café. Yo me limito a sentarme en la cama, mirando el techo como si ahí pudiera encontrar una señal, una voz, una imagen de ella. De Dulce. Mi hija.
Han pasado siete años. Siete años de la noche en que mi vida se que