220. Cenizas en la garganta.
Narra Lorena.
Los faroles de la patrulla son un péndulo de luces que me lamen la cara mientras me llevan. Roja, azul, roja, azul. Un latido agónico. Estoy sentada en el asiento trasero, esposada, como si fuera yo la criminal, como si lo que acabo de perder mi hija, mi sangre, fuera mi castigo merecido por haber amado a un monstruo.
Gomes va adelante. Silencio. Respira como si tuviera clavos en los pulmones, duro, hondo, pesado. Su celular suena, y él atiende de inmediato, con la voz tomada, co