221. La nada en los bolsillos.
Narra Gomes.
Había pasado un mes desde aquella noche aciaga en la que todo se quebró como vidrio bajo un zapato impiadoso. Una noche que debería haber significado el final de la pesadilla para Lorena, el principio de su redención, la promesa cumplida que yo mismo le había susurrado al oído con voz firme y convencida. En cambio, esa noche fue el inicio de una ausencia insondable, de un abismo entre la justicia que soñamos y la realidad sucia que nos aplasta.
Estoy en la jefatura, en el despacho