208. El veneno de la miel.
Narra Lorena.
Ya está.
Falta solo dos días.
Lo repito como un mantra. Como una promesa. Como si decirlo me acercara más a ese instante imposible en que dejaré atrás estas paredes, este encierro disfrazado de mansión, esta prisión perfumada.
La mujer mayor, la nana, ella nunca me dijo su nombre real, yo la llamo Abuela en secreto, pasó esta mañana con la bandeja del desayuno y un gesto distinto. Casi nervioso. No es su estilo temblar, ni mirar por encima del hombro. Pero lo hizo. Y cuando me ent