207. Las flores crecen sobre la tumba.
Narra Brisa
Lo escucho cerrarse la puerta y sé que es definitivo. No me gritó. No me insultó. Me acarició la cara. Me dijo que era la única. Me dejó creerlo. Y luego... el destierro.
Eso duele más que cualquier golpe.
Viajo en el asiento de atrás con las piernas cruzadas, mirando por la ventana con los ojos bien abiertos pero sin ver un carajo. Luisito maneja con una seriedad que no le conocía. Claro, está cumpliendo una orden directa del patrón: llevarme lejos, a una de esas casas en la costa