209. La dama y la correa.
Narra Ruiz.
Despierto con el sabor de su piel aún en la boca, es deliciosa, no me canso de saborearla.
A fuera, el sol apenas se filtra por las cortinas. La habitación huele a transpiración, a perfume caro y a sexo... mucho sexo... Mis dedos siguen enredados en su pelo, y ella duerme sobre mi pecho, o finge dormir, da igual, importa poco. El calor de su cuerpo es una droga para mí, y yo soy un adicto a ella, lo admito, pero no se lo diré. A veces pienso que podría matarla si me traiciona, a ve