199. La jaula de terciopelo.
Narra Lorena.
Pasa que una empieza a acostumbrarse al encierro. No digo que lo acepte. Digo que el cuerpo se adapta. Se hace callo. El tiempo se vuelve blando, pastoso. Como pan mojado. Y los días se confunden con la noche, sobre todo cuando no tenés más sol que una ventana enrejada.
Ya pasaron semanas. Tal vez un mes. No sé con exactitud. Pero algo cambió. La vieja, esa mujer seca, silenciosa, con cara de haber perdido todo hace rato, ahora me habla. Me ofrece agua caliente. Me deja una gallet