194. La mujer de la leche amarga.
Narra Lorena.
No sé en qué día vivo. No me acuerdo si hoy es martes, jueves o el fin del mundo, pero hay una certeza que me sostiene desde hace semanas: todavía respiro. Y eso, con este tipo, ya es casi un milagro.
Hace un mes que estoy acá adentro, atrapada en esta especie de mansión olvidada por Dios, con techos altos y una chimenea que nadie enciende, pero que hace ruido cuando llueve. Las primeras noches contaba las grietas del techo como una penitente, y me inventaba excusas para no volver