184. La promesa de una fiera.
Narra Ruiz.
La última vez que alguien me miró así, le arranqué los dientes con una pinza de mecánico.
Pero esta vez...
Esta vez la mirada viene de ella.
Y duele más que cualquier castigo.
Lorena está del otro lado del cuarto. Sin armas, sin aliados, sin una salida. Pero con los ojos bien puestos, los de una madre lista para matar si me acerco medio centímetro de más.
—Dámela. Ahora.
—¿No te enseñaron a pedir las cosas, querida? —le digo, girando el vaso en la mano—. Aunque sea un “por favor, Ru