183. La fiera y su cría.
Narra Ruiz.
Las cosas importantes en esta vida no llegan envueltas en papel dorado.
A veces tocan timbre con una nueve milímetros escondida en la espalda.
Y otras vienen envueltas en una manta de hospital, con la carita dormida y el peso de un futuro que nadie pidió. Pero ahí están.
Como Lorena.
Como su hija.
Como mi hija.
Brisa me da el gusto. Casi como un regalo de cumpleaños anticipado: un moño de sangre, una caja de gritos, y el perfume inconfundible de la derrota ajena.
La veo entrar arras