185. La promesa de una fiera. (Segunda parte)
Narra Ruiz
Ella se queda ahí, parada, temblando, pero firme.
Como una estatua rota.
La miro. La odio. La deseo. Me parte el alma y me enciende el cuerpo. Todo al mismo tiempo.
—No quiero nada con vos, Ruiz —dice, y me mira como si cada palabra fuera un escupitajo directo a la cara.
Y yo...
No sé si me río o me muero.
Porque no me lo creo. Porque no le creo.
Porque ni siquiera ella se lo cree.
Y antes de que diga cualquier otra estupidez, me acerco.
Cierro la distancia en dos pasos.
La agarro de