161. El último disparo del perro fiel.
Narra Ruiz.
La libertad...
La tengo ahí.
La puedo saborear, como se saborea un beso que estuvo esperando años.
Cinco pasos.
Cuatro.
Tres.
Y el aire cambia. Ya no huele a encierro ni a sudor rancio. Es otro. Más frío. Más vivo. Más traicionero también. Nos rodea el campo abierto, la ruta allá a lo lejos con sus faroles titilando como estrellas que no nos miran. Ya no hay techo que nos contenga, ni paredes que nos escupan la humedad. Sólo el cielo... y la puta promesa de que quizás, esta vez, sí.