154. El arte de rendirse sin entregarse.
Narra Lorena.
No me mira como un asesino. No me mira como un monstruo. Me mira como un hombre que finalmente consigue lo que siempre deseó. Y eso… me da más miedo que una pistola en la frente.
Torrez traba la puerta con un giro firme. Ni una ventana, ni un escape. Solo esa cama, grande y desnuda, con el colchón vencido y sábanas que crujen como sus nudillos cuando se estira. Se saca la campera. La tira sobre una silla. Después, con calma, se remanga las mangas de la camisa.
—Linda habitación, ¿